Vorto Klapo

Exposiciones
Andrés Bartos, Abel del Castillo, Jaume Ferrete, Vanesa Varela. Proceso de tutoría: Pilar Cruz.
10.06 — 17.09 / 2010 / 19h 26
Sala d'Art Jove

 
Aunque parezca el título de una película de espías de serie B, Vorto Klapo es el resultado de traducir al esperanto la expresión “palabra clave” con un traductor de Internet, lo que da lugar a un error muy interesante. No es una traducción realizada teniendo en cuenta las reglas de la lengua final, sino las del idioma original, esta versión literal y mecanizada que nos incluiría, con reservas, en la comunidad esperantista.
 
El esperanto es una lengua internacional creada en 1887 por L. L. Zamenhof, oftalmólogo de profesión, políglota de talento natural y obligado por las circunstancias, judío nacido en la ciudad polaca de Bielostok que en aquel momento pertenecía al Imperio ruso. Influído por problemas de comunicación derivados de la diversidad lingüística de su ciudad natal, decide inventar un idioma que se convertirá en la más conocida de las lenguas artificiales.
 
Esta voluntad de entendimiento pacífica, este universalismo, esta actitud de tolerancia, quedará negada, en el curso de los acontecimientos, por un holocausto que aniquilará casi la totalidad de la familia Zamenhof o por persecuciones a las que fueron sometidos los esperantistas bajo los regímenes totalitarios del siglo XX.
 
En Catalunya el movimiento esperantista no tuvo una gran importancia hasta el estallido de la Guerra Civil, muy ligado al movimiento obrero y libertario y el catalanismo político, y con un importante cuerpo de literatura catalana traducida.
 
Se trata de una lengua tan viva que la Vikipedio contiene casi 130.000 artículos en esperanto. Un idioma que sus hablantes sostienen como propio, delante la sensación de inferioridad o de inclusión con reservas que se tiene al hablar un idioma extranjero con un nativo de esta lengua. Esta voluntad inclusiva y comunicativa, presente en la génesis y uso de este idioma, queda presente en las obras de esta exposición, precisamente por ausencias. Estos trabajos sitúan al espectador en un lugar inexpugnable si no se conoce la clave, la Vorto klapo, que nos permite entrar en un ámbito al que solo se puede acceder por estricta invitación o gran esfuerzo. Solo quien conoce el santo y seña puede entrar en esta cueva.
 
Las claves de acceso, la llave o la puerta son contraseñas que revelan algunas líneas de los trabajos que presentan Andrés Bartos, Abel del Castillo, Jaume Ferrete o Vanesa Varela.
 

 
La pieza de Jaume Ferrete se sirve de las partículas elementales de la comunicación, la palabra hablada, el lenguaje, lo que decimos. Utiliza la voz humana como instrumento que articula un lenguaje, así como los dispositivos que la amplifican, distorsionan o transforman. De esta manera queda problematizada la noción de decir por lo que éstos implican: diversidad de voces y el hecho, ampliable en la esfera pública, de censurarlas, transformarlas o amplificarlas. Las posibilidades de tomar la palabra o levantar la voz.
 
En la exposición, Jaume nos relata, literalmente, una serie de modelos para aproximarse a la idea de espacio expositivo, el espectador, el artista y la obra. O lo que es lo mismo, sobre el canal, el receptor, el emisor y el mensaje de la comunicación. La exposición es un dispositivo más para amplificar, distorsionar o transformar la voz del artista. Como dice Jaume, exponer es la manera que tienen los artistas de decir algo, así que hablar sobre exponer es decir sobre decir.
 
Lo que dice Abel del Castillo es que una comunidad necesita símbolos excluyentes para formarse y entenderse ella misma. Sobre todo si tienes quince años. Abel trabaja esta idea de comunidad a través de su propia biografía, en un viaje no exento de nostalgia a Consticon, a su Arcadia perdida, el país inventado de su adolescencia. En la cultura de pandilla que inventa un lenguaje para hablar entre ellos, entre los iniciados, para recrearse en su cripticidad como el Nasdat que inventó Anthony Burgess en La naranja mecánica. Porque para contrarrestar esta ansiedad que ataca el pasaje al mundo adulto, el todavía niño necesita saberse único, gregariamente único. Abel vuelve a Consticon para recrearse en este paraíso perdido, en un mundo rural en extinción, en este territorio simbólico que pertenece a su propia vida y por extensión también a la nuestra.
 
Vanesa Varela abre puertas entre el ámbito de lo que es público y lo privado, en el espectro de grises que hay entre los dos. Vanesa lanza avisos, toques de atención sobre estas grietas del territorio. La idea del espacio público que se cierra, para el bien de la mayoría, por motivos de seguridad, que niega su condición de RES pública y que excluye la población de su uso y disfrute. Por ese motivo hace un guiño a la apertura de puertas, de cerraduras, la rotura de la cerradura como metáfora de la actuación sobre estas grietas en lo que es público. Sus actuaciones, por mínimas, son difícilmente controlables, fácilmente diseminables, captables, próximas. Interviene en el espacio de manera no espectacular, con efímeras acciones de guerrilla. Vanesa nos indica la localización concreta de algunas de estas acciones, armándonos con un tutorial sobre cómo abrir una cerradura. Al igual que ocurre en algunos manuales de instrucciones, su traducción suena artificial, no nativa. Es un acceso a un idioma tan forzado como abrir una puerta sin llave.
 
Finalmente a la Ubennkante Frau (Mujer desconocida) de Andrés Bartos se superponen la consciencia y la inconsciencia, dos realidades paralelas que conectan entre sí. La protagonista transita entre la vigilia y el sueño, entre el estado de la memoria y la amnesia. Pero es en el sueño donde Eva es realmente consciente, donde recuerda, donde reconoce la verdadera naturaleza, tanto de ella misma como de quienes lo acompañan. Cuántas veces no son más reales, más esclarecedores, más iluminadores y tenebrosos los sueños. Eva se quiere comunicar con estos seres que ve estando dormida, y cuando finalmente los encuentra no resultan ser lo que esperaba. El personaje sufre de amnesia y busca su identidad olvidada. Amnesia es no recordar cómo has llegado allí ni por qué tienes una herida en la cabeza. La amnesia es un modo de exclusión de ti mismo, de estos recuerdos sin los cuales desaparece la personalidad. Y Ubennkante Fraude se empeña en atravesar esas puertas entre las dos realidades, en un ritmo de montaje pausado y reflexivo, poético como algunos sueños, extraño como un déjà vu.
 
Pilar Cruz